lunes, 25 de abril de 2011

06. ACTIVIDAD DURANTE EL REINADO DE ACAZ (734-727)


La situación de bienestar y confianza se vio amenazada en los últimos años de Yotán por los preparativos de Damasco y Samaria contra Jerusalén[i], que desembocarían más tarde, durante el reinado de Acaz, en la guerra siro‑efraimita[ii].
1. Principales datos de la guerra
Según la interpretación más frecuente, los acontecimientos podemos resumirlos en estos puntos:
1. El año 734, deseando liberarse del yugo asirio, los reyes de Damasco e Israel (Rasín y Pécaj) unen sus fuerzas y pretenden que Acaz de Judá se una a la coalición.
2. Acaz se niega a una aventura tan loca.
3. Rasín y Pécaj deciden conquistar Jerusalén, deponer a Acaz y nombrar rey al "hijo de Tabeel", personaje desconocido pero que sería partidario de la coalición antiasiria.
4. Ante la amenaza, Acaz de Judá pide la ayuda de Asiria.
5. El año 733 Tiglatpileser III ataca a Israel y se apodera de gran parte del territorio.
6. El año 732 ataca a Damasco.
2. La actitud de Isaías
La actitud de Isaías ante esta guerra (c.7-8)[iii] ha sido con frecuencia mal interpretada. Se afirma que se opuso a que Acaz pidiese ayuda a Tiglatpileser III de Asiria. Sin embargo, el profeta nunca menciona este hecho ni lo da por supuesto. A lo que Isaías se opone radicalmente es al temor del rey y del pueblo ante la amenaza enemiga. Es lo que se advierte leyendo atentamente el "memorial" del profeta que recoge sus principales intervenciones durante el conflicto.

3. El memorial de la guerra (Is 7,1-8,18)
La lectura atenta del texto revela una estructura muy cuidada.
INTRODUCCIÓN TEMOR DEL REY Y DEL PUEBLO
MENSAJE DE ISAÍAS AL REY 1. Fracaso de Damasco y Samaria, salvación condicionada de Judá
2. Castigo de Damasco, Samaria y Judá
MENSAJE DE ISAÍAS AL PUEBLO 1. Castigo de Damasco y Samaria
2. Castigo de Judá
FINAL1. Yahvé, único conspirador
2. Documento sellado
La estructura deja clara los principales protagonistas: de ellos comienza diciéndose que "el corazón de Acaz y del pueblo se agitó como se agitan los árboles del bosque" (7,2). A ellos se dirigirá Isaías, tratando los mismo temas: a) el fracaso y castigo de Damasco y Samaria; b) el destino de Judá, a la que se ofrece una salvación condicionada, pero que terminará también en castigo. El memorial de Isaías sufrió numerosos retoques y añadidos; dejo algunas notas explicativas (poniéndolas en letra pequeña entre paréntesis cuadrados) pero omito varios oráculos que considero más tardíos.
I. INTRODUCCIÓN: TEMOR DEL REY Y DEL PUEBLO A LA CONSPIRACIÓN (7,1-2)


Reinaba en Judá Acaz, hijo de Yotán, hijo de Ozías. Rasín, rey de Damasco, y Pécaj, hijo de Romelías, rey de Israel, subieron a Jerusalén para atacarla [pero no lograron conquistarla]. Llegó la noticia al heredero de David: "Los sirios acampan en Efraín". Y se agitó su corazón y el del pueblo como se agitan los árboles del bosque con el viento.
II. MENSAJE DE ISAÍAS AL REY

1. Fracaso de Damasco y Samaria,
salvación condicionada de Judá (7,3-9)
Entonces el Señor dijo a Isaías:
‑Sal al encuentro de Acaz, con tu hijo Shear Yashub, hacia el extremo del canal de la Alberca de Arriba, junto a la calzada del campo del Batanero, y le dirás: ¡Vigilancia y calma! No temas, no te acobardes, ante esos dos cabos de tizones humeantes
[Rasín con sus sirios y el hijo de Romelías]. Aunque Siria trame tu ruina diciendo: "Subamos contra Judá, sitiémosla, abramos brecha en ella y nombraremos en ella rey al hijo de Tabeel", así dice el Señor: "No se cumplirá ni sucederá: Damasco es capital de Siria, y Rasín, capitán de Damasco; Samaría es capital de Efraín, y el hijo de Romelías, capitán de Samaría. [Dentro de sesenta y cinco años, Efraín, dejará de ser pueblo]. Si no creéis, no subsistiréis.
Según Isaías, la actitud del rey debe ser de vigilancia y calma, sin dejarse arrastrar por el miedo ("no temas, no te acobardes"). Los planes enemigos de conquistar Jerusalén y deponer a Acaz "no se cumplirán". ¿Dónde basa Isaías su certeza? En las dos tradiciones judías fundamentales: la elección divina de Jerusalén y la elección divina de la dinastía davídica. Frente a Jerusalén, ciudad de Dios, Damasco y Samaria no representan nada; y frende al descendiente de David, Rasín y el hijo de Romelías tampoco valen nada. Sin embargo, aunque el fracaso de Damasco y Samaria es claro, la salvación de Judá y de la dinastía está condicionada a la fe: "si no creéis, no subsistiréis". ¿Tendrá esta fe el rey Acaz?

2. Castigo de Damasco, Samaria y Judá (7,10-19)

El Señor volvió a hablar a Acaz:
‑Pide una señal al Señor, tu Dios; en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo.
Respondió Acaz:
‑No la pido, no quiero tentar al Señor.
Entonces dijo Dios:
‑Escucha, heredero de David: ¿No os basta cansar a los hombres, que cansáis incluso a mi Dios? Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la joven está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.
[Comerá requesón con miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.] Porque antes que aprenda el niño a rechazar el mal y escoger el bien, quedará abandonada la tierra de los dos reyes que te hacen temer. Pero el Señor hará venir sobre ti, sobre tu pueblo, sobre tu dinastía días como no se conocieron desde que Efraín se separó de Judá.
Este es el pasaje más conocido del libro del Emmanuel. En el apartado siguiente veremos con más detalle la profecía de Emmanuel. Ahora limitémonos a subrayar la ambivalencia del nombre y del personaje: "Dios con nosotros" puede ser motivo de alegría, pero la presencia de Dios se puede interpretar también como una seria amenaza. Los dos aspectos parecen quedar claros: por una parte, Emmanuel anuncia la derrota de los dos reyes enemigos; por otra, la falta de fe de Acaz provocará un duro castigo del rey, del pueblo y de la dinastía.
III. MENSAJE DE ISAÍAS AL PUEBLO


1. Castigo de Damasco y Samaria (8,1-4)


El Señor me dijo: ‑Toma una tabla grande, y escribe con caracteres ordinarios: "Pronto‑al‑saqueo, Presto‑al‑botín".
Entonces yo tomé dos testigos fieles: Urías, sacerdote, y Zacarías, hijo de Baraquías. Me llegué a la profetisa; ella concibió y dio a luz un hijo.
El Señor me dijo: ‑Ponle por nombre "Pronto‑al‑saqueo, Presto‑al‑botín". Porque antes que el niño aprenda a decir "papá, mamá", las riquezas de Damasco y el despojo de Samaría serán llevadas a presencia del rey de Asiria.
La acción simbólica se desarrolla en cuatro pasos:
1. Dios ordena al profeta escribir unas palabras misteriosas en una tabla: ¿quién o qué será pronto saqueado? ¿Quién o qué se convertirá pronto en botín?
2. El profeta, sin saber de qué se trata, cumple la orden ante dos testigos de confianza.
3. La esposa del profeta queda embarazada y da a luz.
4. En ese momento, Dios ordena al profeta nombrar al nuevo hijo con las palabras misteriorsas, al tiempo que le desvela su secreto: Damasco y Samaria se convertirán en botín de guerra. Ya dijimos que esto ocurrió en las campañas realizadas por Tiglatpileser III en los años 733 (contra Samaria) y 732 (contra Damasco).

2. Castigo de Judá (8,5-6)
El Señor volvió a dirigirme la palabra:
Ya que ese pueblo ha despreciado el agua de Siloé, que corre mansa,
por la arrogancia de Rasín y del hijo de Romelías,
sabed que el Señor hará que los sumerjan las aguas del Eufrates,
torrenciales e impetuosas:
[el rey de Asiria, con todo su ejército]
rebasan las orillas, desbordan las riberas,
invaden Judá, lo inundan,
crecen y alcanzan hasta el cuello.
IV. FINAL

1. Yahvé, único conspirador (8,11-15)
Así me dijo el Señor, mientras su mano me agarraba y me amonestaba para que no siguiera el camino de este pueblo:
‑No llaméis conspiración a lo que ese pueblo llama conspiración,
no os aterre ni os atemorice lo que él teme;
al Señor de los ejércitos llamaréis Santo,
él sea vuestro temor; él sea vuestro terror,
él será piedra para tropezar y roca para despeñarse
para las dos casas de Israel,
será lazo y trampa para los habitantes de Jerusalén:
muchos tropezarán en ella, caerán, se destrozarán,
se enredarán y quedarán atrapados.

2. Documento sellado (8,16-18)

Guardo selladas las instrucciones que garantizan mis discípulos,
y aguardo al Señor, que oculta su rostro a la casa de Jacob,
y espero en él.
Aquí estoy yo con mis hijos ‑los que me dio el Señor‑
como signos y presagios para Israel de parte del Señor de los ejércitos,
que habita en el Monte Sión.

RESUMEN
Isaías había comenzado pidiendo al rey: "No temas, no te acobardes" (7,4). Al final de estos oráculos vuelve a insistir en la idea del temor (8,12-13). En definitiva, para Isaías la alternativa no radica entre "creer" y "pedir auxilio", sino entre "creer" y "temer". ¿Por qué rechaza de modo tan enérgico el temor? Porque supone desconfiar de Dios, que se ha comprometido con Jerusalén y con la dinastía davídica. Supone dar más importancia a los planes de Rasín y de Pecaj ("dos cabos de tizones humeantes") que a las promesas de Dios. Supone desconfiar de que Dios esté con su pueblo. Frente a esta postura, Isaías defiende, no una actitud quietista, como se ha dicho a veces, sino una política basada en la fe.
Humanamente se trata de algo muy duro. Porque esa presencia de Dios entre su pueblo se manifiesta de forma suave y mansa, como el agua de Siloé (8,6); se significa con el nacimiento de un ser tan débil como un niño (7,14). Poca cosa para alejar el temor. Pero no cabe otra alternativa: "si no creéis, no subsistiréis" (7,9). Y así se comprende la extraña sucesión de promesas y amenazas que encontramos en estos capítulos 7-8. Dios, que se ha comprometido con su pueblo, decide la ruina de Damasco y Samaria (7,7.16; 8,4; quizá 8,9-10). Pero, al chocar con la falta de fe, anuncia también un castigo (7,15-25; 8,5-8). El mensaje de Isaías en esta época oscila entre los dos polos, a veces con un equilibrio casi perfecto entre salvación y condena.
Quizá la clave para interpretar estas afirmaciones aparentemente contradictorias se halle en 8,18: "Yo con mis hijos, los que me dio el Señor, seremos signos y presagios para Israel, como testimonio e instrucción". Aquí entra en juego el valor de los nombres simbólicos. Isaías significa "Dios salva"; Shear Yashub, "Un resto volverá"; Maher Shalal Haz Baz, "Pronto al saqueo, presto al botín". Este último nombre se refiere sin duda al castigo de Damasco y Samaria (cf. 8,1-4). Shear Yashub hace referencia a un castigo purificador de Judá, a un "resto" (no todo el pueblo) que se salvará y volverá al Señor. Isaías significa, por encima del castigo y de la purificación, el compromiso eterno de Dios con su pueblo.
Nos hemos limitado a esbozar el mensaje de Isaías durante la guerra. En cuanto a la sucesión cronológica de los oráculos, se admite generalmente que los cc.7-8 conservan bastante bien el orden. A la intervención del profeta dirigida al rey (7,1-17)[iv] seguiría la acción simbólica de 8,1-4 y la amenaza de 8,5-7(8). Resulta difícil datar 8,9-10, que Wildberger sitúa al comienzo de las hostilidades, e incluso antes del encuentro con Acaz. Tras el fracaso de su misión, el profeta tiene la experiencia reflejada en 8,11-15, que le lleva a sellar el testimonio (8,16-18)[v].
En cualquier caso, parece que Isaías guardó silencio en los años posteriores, hasta la muerte de Acaz.

NOTAS

[i]. Según Vogt habría que situar en este contexto Is 17,1-6.
[ii]. Y. Gitai, "Isaiah and the Syro-Ephraimite War", en J. Vermeylen (ed.), The Book of Isaiah, BETL LXXXI (Lovaina 1989) 217-30; M. E. W. Thompson, Situation and Theology. Old Testament Interpretations of the Syro-Ephraimite War (Sheffield 1982).
[iii]. Me atengo a los capítulos que proceden indiscutiblemente de esta época. Según Roberts, 2,2-22 fue compuesto por Isaías durante la guerra, dirigiéndose al Reino Norte; pretende tranquilizar a Judá frente a la amenaza enemiga desde la perspectiva de la tradición de Sión. Cf. J. J. Roberts, "Isaiah 2 and the Prophet's Message": JQR 75 (1985) 290-308.
[iv]. Acompañada quizá de las amenazas 7,18-25, aunque algunos versos parecen posteriores.
[v]. De acuerdo con ciertos comentaristas, Isaías habría prometido al Reino Norte la liberación y el consuelo después de que Tiglatpileser lo invadiese (Is 8,23b-9,6), aprovechando la ocasión del nacimiento o de la entronización de Ezequías. Pienso que este precioso texto no es isaiano, sino un siglo posterior al profeta, de la época de Josías.